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Nochebuena 2016

El plan es pasar la Nochebuena en Las Vegas  (en este caso creo que se aplica el dicho de ‘Mejor mal acompañado que solo’, ¿o era al revés?), al menos allí la mente estará más distraída y no estará tanto en el recuerdo de toda la gente que quiero y a la que echo de menos, más aún en un día como éste.

Sólo 200 millas me separan de la ciudad del pecado, pero he mirado el tiempo y un temporal de nieve y viento se interpone en mi camino. Dudo entre quedarme en el Motel cutre en el que estoy o intentar cruzar la tormenta … total, los americanos son un poco escandalosos para estas cosas …

En fin, decido salir y tirar por la ruta 66. Tras unas primeras gotas de agua sale el arcoíris, el más grande y luminoso que haya visto nunca … “ves?, no es para tanto”, pienso. Pero a los 50 kms comienza un fuerte viento lateral y también unos gigantes copos de nieve comienzan a caer. Nieve y más nieve hasta que la carretera se convierte en un enorme manto blanco.

Ya he bajado un par de ‘hierros’ y voy despacio pero cuando decido bajar uno más, la moto comienza a bailar en su parte trasera. Tras unos segundos interminables de lado a lado intentando controlarla, acabamos, ella y yo, rodando por el suelo. Por suerte no ha sido nada y en seguida aparece un coche que me ayuda a levantarla.

El conductor me pregunta que si es una Africa Twin (raro que la conozcan por aquí, normalmente me preguntan que si es una BMW) y me dice que ya me había visto antes, en el Parque Nacional Arches, a más de 1.000 kms de aquí.

Me indica que el siguiente pueblo está a unas 10 millas y le pido que tire él delante pero que vaya despacio por si tiene que volver a ayudarme y me responde que ‘por supuesto’, así que hemos hecho las 10 millas a una velocidad media de 15 km/h (y mucho es), pero yo tenía que ir por la nieve virgen del arcén ya que era imposible seguir las rodadas sin que la moto comenzara a hacer extraños.

De nuevo me he vuelto a caer y otra vez el hombre me ha vuelto a ayudar (no sé su nombre, ni siquiera nos hemos presentado).

Finalmente hemos llegado al pueblo y la policía que llevaba detrás (no me había percatado hasta ese momento ya que era imposible ver nada, pues con la visera abierta la nieve se me metía en los ojos) me ha ‘obligado’ a parar y a tomar el único hotel en muchas millas a la redonda.

Me despido de mi desconocido amigo y aquí me hallo, en un hotel en Peach Springs, en plena Ruta 66, en la reserva india de los Hualapeis. En el pueblo está todo cerrado y así me lo confirman en recepción tras mi enésima vez preguntando lo mismo. Al menos mi habitación tiene vistas … a la vía del tren por donde no cesan de pasar interminables trenes de mercancías que hacen un ruido tremendo.

Sólo el supermercado está abierto, hasta las 3 p.m., pero en esta reserva no venden alcohol así que no he podido comprar ni una cervecita, menos mal que me queda un poco del whisky casero que me regalaron mis amigos de Taos, así que estoy escribiendo estas líneas en la habitación del hotel (vacío, por supuesto y cerrado el restaurante hasta el lunes), tomando un ‘cubata’, cuyo primer brindis … ‘Va por ti!’

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