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OVOO MONGOL

Sentado delante de un impresionante Ovoo, viendo mi montura junto a una bandera típica mongola, imagino que soy uno de esos ancestrales jinetes que desde tiempos inmemoriales han poblado estas llanuras.

Sin duda dejo parte de mí en este país, no solo por la dureza de sus interminables jornadas por pistas y caminos, sino por lo místico de esta parte del mundo y poder rodar por estas verdes estepas. Un sueño hecho realidad.

Al abandonar el mágico lugar, después de haber hecho mi particular ofrenda, me subo a mi montura y en los primeros metros me entran unas ganas tremendas de llorar, pero llorar de alegría. Alegría por poder estar aquí, y me acuerdo de mi familia y amigos que tanto me han apoyado en este viaje.

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